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viernes, 28 de noviembre de 2014

Mujeres que Corren con los lobos: Tres cabellos de Oro

Fuente:
http://www.infogenero.net/documentos/mujeresquecorrenconlos%20lobos.pdf



Los tres cabellos de oro

Una vez, en una profunda y oscura noche, 
una de esas noches en que la tierra es de color negro 
y los árboles parecen unas nudosas manos recortándose
contra el cielo azul oscuro, en una noche exactamente como ésta 
un solitario anciano atravesaba el bosque con paso vacilante. 
A pesar de que las ramas de los árboles le arañaban el rostro 
y le medio cegaban los ojos, él sostenía en alto una pequeña linterna. 
Dentro del farolillo la vela encendida se iba agotando poco a poco.

El anciano era todo un espectáculo con su largo cabello amarillento, 
Sus amarillos dientes medio rotos y sus curvadas uñas de color ámbar. 
Tenía la espalda tan encorvada como un saco de harina 
y era tan vicio que la piel le colgaba en volantes de la barbilla, los brazos y las caderas.

El anciano avanzaba a través del bosque, agarrándose a un abeto 
e impulsando el cuerpo hacia delante para agarrar otro abeto y, 
con este movimiento de remero y el poco aliento que le quedaba,  proseguía su camino.

Todos los huesos del cuerpo le dolían como si estuvieran ardiendo,
 Las lechuzas de los árboles emitían unos chirridos semejantes a los de sus articulaciones lejos brillaba una minúscula y trémula luz, una casita, un fuego, un hogar, un lugar de descanso.

El anciano avanzó con gran esfuerzo hacia aquella luz. Llegó a la puerta exhausto, 
la vela de la linterna se apagó y él entró y se desplomó en el suelo.
Dentro había una anciana sentada delante de una espléndida chimenea encendida. 

La anciana corrió a su lado, lo tomó en brazos y lo llevó a la chimenea.
Allí lo sostuvo en sus brazos como una madre sostiene a su hijo 
y lo acunó en su mecedora. 

Allí estaban ellos, el pobre y frágil anciano que no era más que un saco de huesos
y la vigorosa anciana que lo acunaba hacia delante y hacia atrás diciéndole:

"Calma, calma, no pasa nada."
Se pasó toda la noche acunándolo y, cuando ya estaba a punto de rayar el alba, 
el anciano había rejuvenecido y ahora era un apuesto joven 
de cabello de oro y largos y fuertes miembros. 
Pero ella lo seguía acunando: "Calma, calma. No pasa nada."

El amanecer ya estaba muy cerca y el joven se había convertido 
en un niñito precioso de cabello de oro trenzado como el trigo.
Al rayar el alba, la anciana arrancó rápidamente tres cabellos 
de la preciosa cabeza del niñito y los arrojó a los azulejos del suelo. 
Los cabellos hicieron:
"¡Tiiiiiiiing!¡ Tiiiiiiiing! ¡Tiiiiiiiing!"

Y el niñito que la anciana sostenía en sus brazos bajó a gatas de su regazo
y corrió a la puerta. Se volvió un instante para mirar a la anciana, 
le dirigió una deslumbradora sonrisa y después dio media vuelta y ascendió al cielo
para convertirse en el radiante sol matinal (18).
∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼∼
De noche las cosas son distintas, por lo que, para comprender este cuento,
tenemos que bajar a una conciencia nocturna, 
a un estado en el que somos más concientes de todos los crujidos y chirridos.
De noche es cuando estamos más cerca de nosotras mismas, 
de las ideas y sentimientos esenciales que no se perciben con tanta claridad 
durante las horas diurnas.

En el mito la noche es el mundo de la Madre Nyx, la mujer que hizo el mundo. 
Es la Vieja Madre de los Días, una de las viejas brujas de la Vida y la Muerte. 
A efectos de la interpretación, cuando es de noche en un cuento de hadas 
sabemos que estamos en el inconciente. 
San Juan de la Cruz lo llama "la noche oscura del alma". 
En este cuento, la noche tipifica el período en el que la energía, 
bajo la forma de un viejo muy viejo, es cada vez más débil.
Es un período en el que nos encontramos en cierto modo en las últimas.

Perder la concentración equivale a perder energía. 
Y lo peor que se puede hacer cuando hemos perdido la concentración 
es correr de un lado a otro para intentar reunirlo todo otra vez. 
No hay que correr. 
Tal como vemos en el cuento, lo que hay que hacer es sentarse y acunar. 
La paciencia, la paz y el movimiento de balanceo renuevan las ideas. 
El simple hecho de sostener la idea y de tener la paciencia de acunarla 
es lo que algunas mujeres llaman un lujo. 
La Mujer Salvaje dice que es una necesidad.

Es algo que los lobos saben muy bien. 
A veces, cuando aparece un intruso los lobos gruñen, ladran e incluso lo muerden, 
pero otras veces se retiran hacia el lugar donde se encuentra su grupo 
y se sientan tal como haría una familia. 
Se limitan a permanecer sentados y a respirar juntos.

Las cajas torácicas se hunden hacia dentro y se proyectan hacia fuera, suben y bajan. 
Se concentran en sí mismos, preparan de nuevo su terreno, regresan al centro de sí mismos y deciden qué es lo más importante y qué hacer al respecto.
 Llegan a la conclusión de que "de momento no van a hacer nada, 
se limitarán a permanecer sentados y a respirar, se limitarán a balancearse juntos".

Muchas veces, cuando las ideas no se despliegan
o no funcionan con suavidad o nosotras no las hacemos funcionar bien, 
perdemos la concentración. 

Eso es una parte de un ciclo natural y ocurre 
porque la idea se ha enranciado o — nosotras hemos perdido la capacidad 
de verla de una forma renovada. 

Nos hemos hecho viejas y frágiles como el anciano de "Los tres cabellos de oro". 
Aunque se han apuntado muchas teorías a propósito de los "bloqueos" creativos, 
lo cierto es que los bloqueos más ligeros van y vienen 
como las pautas meteorológicas y las estaciones... 

exceptuando los bloqueos psicológicos de que hemos hablado anteriormente como, 
por ejemplo, el hecho de no llegar a la propia verdad, 
el temor a ser rechazadas, el temor a decir lo que sabemos, 
las dudas acerca de la propia capacidad, la contaminación de la corriente básica, 
la aceptación de la mediocridad o de las pálidas imitaciones, etc.

Este cuento resulta excelente porque recorre todo el ciclo de una idea, 
la diminuta luz que se le concede y que, naturalmente, es la misma idea, 
la cual se agota y está a punto de extinguirse como parte de su ciclo natural. 

En los cuentos de hadas, cuando ocurre algo malo, 
significa que hay que probar otra cosa, que se tiene que introducir una, nueva energía, que se tiene que consultar con un ayudante, un sanador, una fuerza mágica.

Aquí vernos de nuevo a la vieja La Que Sabe, la mujer de dos millones de años, 
El hecho de que ella nos sostenga en brazos delante del fuego de la chimenea
es restaurador y reparador (19). 
Hasta este fuego y éstos brazos se arrastra el anciano, pues sin ellos se muere.
El anciano está cansado a causa del mucho tiempo que ha dedicado al trabajo que nosotras le damos. ¿Has visto alguna vez a una mujer trabajar como una fiera y detenerse de pronto sin más? ¿Has visto alguna vez a una mujer que lucha con denuedo por alguna causa social y que, al día siguiente, le vuelve la espalda y dice: "Que se vaya todo al infierno"? Su animus está agotado y necesita que lo acune La Que Sabe. La mujer cuya idea o energía se ha debilitado, marchitado o agotado por completo necesita conocer el camino que conduce a esta vieja curandera y le tiene que llevar su agotado animus para que se lo renueve.

Yo trabajo con muchas mujeres dedicadas en cuerpo y alma al activismo social. 
Y no cabe duda de que, al final de este ciclo se cansan
 y se arrastran por el bosque con trémulas piernas mientras la llama de la linterna parpadea, a punto de apagarse. Es el momento en que dicen: "Ya no puedo más. 

Lo dejo, devuelvo mi pase de prensa, mi placa, mi traje del sindicato, mi... ", lo que sea. Piensan emigrar a Auckland.
Se dedicarán a ver la televisión y a comer galletas y jamás volverán a contemplar el mundo a través de la ventana. Se comprarán unos zapatos de mala calidad, 
se trasladarán a vivir a un barrio en el que nunca ocurre nada
y se pasarán el resto de su vida viendo el canal del ama de casa. 

A partir de ahora se ocuparán de sus asuntos, mirarán para el otro lado, etc, etc.
Cualquiera que sea la idea que ellas tengan de lo que es una tregua 
y aunque hablen movidas por un profundo cansancio y una fuerte frustración, 
yo digo que la tregua es una buena idea y que conviene descansar. 
A lo cual ellas suelen contestar con voz chillona, 
"¿Descansar? ¿Cómo puedo descansar cuando el mundo se está yendo al carajo delante de mis narices?"

Pero al final la mujer tiene que descansar, equilibrarse y recuperar la concentración.

Tiene que rejuvenecerse y recobrar la energía. 
Ella cree que no puede, pero sí puede, pues el círculo de las mujeres, tanto si éstas son madres como si son estudiantes, artistas o activistas, siempre se cierra para llenar el hueco de las que se van a descansar. 
Una mujer creativa tiene que descansar y regresar más tarde a su trabajo. 

Tiene que ir a ver a la vieja del bosque, a la revitalizadora, 
a la Mujer Salvaje en una de sus múltiples representaciones. 

La Mujer Salvaje ya sabe  que el animus se cansa con regularidad.
No se sorprende de que éste se desplome al cruzar su puerta.
Ya está preparada. No se nos acercará corriendo, presa del pánico. 
Nos recogerá y nos sostendrá en sus brazos 
hasta que volvamos recuperar nuestro poder.

Nosotras tampoco hemos de asustarnos cuando perdamos el impulso o la  concentración. Tal como hace ella, debemos sostener la idea y quedarnos un ratito con ella. 
Tanto si nuestra concentración está enteramente ocupada en nuestro
propio desarrollo como si lo está en los asuntos mundiales o en las relaciones, 
el animus se cansará. No es una cuestión de "si" sino de "cuando". 
Esfuerzos prolongados tales como terminar los estudios, concluir un manuscrito, culminar la propia obra, cuidar de un enfermo, son actividades que hacen que la otrora joven
energía envejezca, se venga abajo y ya no pueda seguir adelante.

Es mejor que las mujeres lo sepan al comienzo de una actividad, 
pues el cansancio las suele sorprender. 
Gimotean, murmuran, comentan en voz baja su fracaso, su incapacidad 
y cosas por el estilo. No, no. Esta pérdida de energía es normal. Es la Naturaleza.

El atribuir el género masculino a la fuerza inagotable constituye un error.
Es una introyección cultura¡ que se tiene que desterrar de la psique. 
Este error da lugar a que tanto las energías masculinas del paisaje interior como los varones de la cultura experimenten una injustificada sensación de fracaso cuando se
cansan o necesitan descansar. 

Todo el mundo necesita hacer una pausa para recuperar las fuerzas. 
El modus operandi de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida
es cíclico y se aplica a todo el mundo y a todas las cosas.

En este cuento los tres cabellos se arrojan al suelo. 
En mi familia se suele decir: "Arroja un poco de oro al suelo." 
Deriva de la expresión desprender las palabras que, 
en la tradición de las cuentistas y sanadoras de mi familia, significa eliminar 
algunas palabras del relato para conferirle más fuerza,

El cabello simboliza el pensamiento que sale de la cabeza. 
Desprenderse de algunos o arrojarlos al suelo hace que el niño 
se vuelva más liviano y resplandezca con un fulgor todavía más intenso. 
De igual manera, tu gastada idea o actividad podrá resplandecer con más fulgor sí eliminas una parte y te desprendes de ella. 

Es la misma idea del escultor que elimina una parte del mármol 
para que se vea mejor la forma oculta que hay debajo. Una excelente manera de renovar o fortalecer los objetivos o actividades que están agotados consiste en desprenderse de
algunas ideas y concentrarse en el resto.
Arranca tres cabellos de tu actividad y arrójalos al suelo, Allí se convierten
en una llamada para que despertemos. El hecho de arrojarlos al suelo provoca un
ruido psíquico, un timbre, una resonancia en el espíritu de una mujer que da lugar
a que ésta reanude su actividad. El sonido de algunas de las ideas que caen
al suelo se convierte en el 'nuncio de una nueva era o de una nueva oportunidad.

En realidad, la vieja La Que Sabe está podando ligeramente lo masculino.
Sabemos que la eliminación de las ramas muertas fortalece los árboles. Sabemos
también que el corte de los capullos de ciertas plantas las ayuda a hacerse más
frondosas y lozanas. Para la mujer salvaje, el ciclo de crecimiento y disminución
del animus es algo natural. El un proceso arcaico, un proceso antiguo. En tiempos
inmemoriales así era como las mujeres abordaban el mundo de las ideas y
sus manifestaciones exteriores. Así es como lo hacen las mujeres. La vieja del
cuento de "Los tres cabellos de oro" nos enseña, mejor dicho, 
nos vuelve a enseñar, cómo se hace.

Pues entonces, ¿cuál es el propósito de esta renovación y concentración, de
este afán de recuperar lo que se había perdido y de correr con los lobos? Es para
ir directas a la yugular, para llegar hasta las semillas y los huesos de cualquier
cosa que haya en nuestra vida, pues allí está el placer y la alegría, allí está el
Edén de la mujer, el lugar donde hay tiempo y libertad para ser, pasear, asombrarse,
escribir, cantar, crear y no tener miedo. Cuando los lobos perciben el placer
o el peligro, lo primero que hacen es quedarse absolutamente inmóviles. Se
C l a r i s s a P i n k o l a E s t é s M u j e r e s q u e c o r r e n c o n l o s l o b o s
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convierten en estatuas concentradas para poder ver, oír y percibir en su forma
más elemental qué es lo que ocurre.
Eso es lo que nos ofrece la naturaleza salvaje: la capacidad de ver lo que
tenemos delante gracias a la concentración y al hecho de detenernos, mirar, olfatear,
prestar atención, sentir y saborear. La concentración es el uso de todos
nuestros sentidos, incluido el de la intuición. A este mundo acuden las mujeres
para recuperar su voz, sus valores su imaginación, su clarividencia, su perspicacia,
sus cuentos y los antiguos recuerdos femeninos. Todo eso es fruto de la concentración
y la creación. Si has perdido la concentración, siéntate y no te muevas.
Toma la idea y acúnala hacia delante y hacia atrás. Quédate con una parte
de ella, arroja el resto y verás cómo te renuevas. No tienes que hacer nada más.

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